El calvario de las trabajadoras sexuales en tiempos de pandemia

Como libélulas, están pegadas a la pared, tienen miedo, y uno no puede dejar de sentir apego por ellas, es de noche y el frio se siente en su piel.

Esta es una noche más ahí, Rosario se anima a hablar y compromete su cuerpo solo por al menos 120 bolivianos diarios y cuidar a su bebé, viste minifalda y escote, es imposible mirarla atractiva y aún más solitaria.

Ella es una de tantas chicas que fueron sorprendidas por la cuarentena a causa del Covid – 19, es una mujer de moral distraída que ofrece su cuerpo por unos pesos, y te provoca diciendo “me voy a vivir contigo, solo quiero comida”.

Azucena es más directa, está sola y no le importa, no quiere estar encerrada en el cuartucho donde ofrece sus servicios sexuales y cuyo dueño presuntamente la protege. Solo sale de noche y te mira con sus grandes ojos negros, es beniana y te pide ayuda a cambio de sexo.

Como libélulas, están pegadas a la pared, tienen miedo, y uno no puede dejar de sentir apego por ellas, es de noche y el frio se siente en su piel. La dirigente que las representa en Tarija, Paulina Mendoza, también siente que el clima las provoca.

Paulina cuenta que no puede controlar a todas, que ellas están buscando la manera de sobrevivir, algunas están cocinando para vender, otras ofrecen su cuerpo porque sienten que son atractivas,

La responsable del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), Mery Polo, se postró impotente frente a esta situación, sostuvo que no tiene un registro sobre este tema y que inmediatamente deberá elaborar un registro para abordar el tema y colaborar con este grupo de mujeres.

Este es un tema social, dijo, seguramente hay niños, es un grupo excepcional a los cuales hay que ayudar y seguramente hay niños, me sorprende la noticia, y es necesario abordarlos, son grupos invisibles que es necesario tomar en cuenta e importante cubrirlos.

Mendoza explicó que la situación económica en el departamento tiene sus efectos en el trabajo sexual de la clandestinidad, debido a que se incrementó el número de jovencitas que se dedican al oficio sin el control adecuado de las instituciones en salud.

“Captan a las compañeras con engaños, las contratan como trabajadoras del hogar, pero le hacen ejercer el trabajo sexual, incluso hay, menores de edad que son de las provincias rurales del departamento que llegan con el objetivo de trabajar, pero son explotadas por terceras personas en el ámbito de la clandestinidad”, protestó Mendoza.

Explicó que tuvo conocimiento de varios casos en las cuales una madre se sorprende cuando halla a su hija trabajando como dama de compañía, pero la menor de edad indicaba a sus progenitores que trabajaba en otra actividad como trabajadora del hogar.

Indicó que la gestión pasada encontraron a menores de edad trabajando en casas particulares o hostales a jovencitas de Chocloca, Padcaya, Bermejo, Entre Ríos entre otras comunidades rurales del departamento.

“Están captando a estas jovencitas de las provincias distantes del departamento para que se dediquen al trabajo sexual, incluso terceras personas sacan su credencial de sanidad, pero son otras las adolescentes que trabajan como damas de compañía”, indicó.

Explicó que mayormente las menores de edad son promocionadas en las redes sociales como el Facebook de manera ilegal, pese a todos los controles que se realizan por las autoridades, las adolescentes son explotadas por estas redes de prostitución.

Mendoza indicó que estos casos son denunciados a la Policía, pero estos casos no son tomados en cuenta por la institución del verde olivo, por ello, señaló que el Sedes está ayudando en la identificación de estos lugares donde trabajan señoritas como trabajadoras sexuales.

“En las rockolas hay menores de edad trabajando como damitas de compañía y esto igual fue denunciado a las autoridades, pero a la fecha no se tiene un control seguido para evitar que esta actividad ilegal y peligrosa sea frenada”, dijo.

Fuente: El País

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