El modelo ECO2 en realidad es un metamodelo, es decir, un modelo para elaborar modelos. A partir de un marco teórico y metodológico se realiza un proceso de formación en la acción de equipos de agentes sociales para que, en un contexto determinado, se lleve a cabo una investigación en la acción, que le permita a cada equipo construir un modelo de intervención sobre algún fenómeno de sufrimiento social, en base a un diagnóstico a profundidad y el diseño de una estrategia, así como para contar con elementos para ejecutarla y evaluarla.

 

El nombre del modelo se construyó como un juego de palabras, a partir de algunos de sus elementos esenciales: Epistemología de la Complejidad (ECO), Ética y Comunitaria (ECO), por lo tanto, (ECO)(ECO), algebraicamente: ECO2 . La palabra ECO hace referencia también a la raíz griega “ECO” que significa “casa” que significa “habitar” y “administrar”, de la cual se derivan sucesivamente “oikoumené” que significa “la tierra habitada” o “el mundo entero” (de allí el significado de ecumenismo: que “incluye a todos en todas partes”) y se encuentra, entre otras, en la etimología de “ecología” (oikos y logos (estudio o tratado)) y “economía” (oikos y nomos (norma).

 

Esta palabra sugiere, entonces, una “casa” o “tierra” para todos sus habitantes, aludiendo a los procesos de inclusión social que promueve el modelo. Epistemología de la complejidad, más que a una teoría determinada y acabada, hace referencia a un metanivel (disciplina o reflexión de segundo orden, reflexión auto-reflexiva) que nos brinda la posibilidad de enlazar los aportes que diversas ciencias (antropología, sociología, psicología social, psicoanálisis, etc.) hacen para entender la realidad humana (las personas, los grupos, las comunidades y fenómenos como las farmacodependencias, las situaciones de calle, etcétera). Para nosotros cada disciplina constituye un sistema de modelos que privilegia una cierta mirada sobre la realidad, por lo que es necesario vincularlas entre sí de manera reticular y transdisciplinaria; más aún, es necesario hacer una crítica epistemológica de cada una y buscar su articulación en un meta-nivel, a partir de los aportes que la filosofía y las ciencias de la complejidad han hecho.

 

“Ética y Comunitaria”, por otro lado, apuntan a dos de las opciones de base en la intervención: el énfasis en la perspectiva comunitaria, que implica considerar el rol central de la Comunidad como espacio-tiempo (físico pero, sobre todo, relacional y simbólico) productor y reproductor de procesos de inclusión y exclusión, así como actor protagónico de la intervención, y en la perspectiva ética, que implica el respeto irrestricto a la dignidad de las personas y las comunidades, por lo tanto, la promoción de los derechos humanos, y la exigencia de buscar limitar y contrarrestar los fenómenos de exclusión y sufrimiento social, de manera profesional, es decir, que se satisfagan criterios de deontología, eficacia, eficiencia, calidad. Implica, así mismo, el reconocimiento y la reflexión, por parte de quienes intervenimos, de nuestras propias motivaciones, limitaciones, errores y la necesidad de evaluación y supervisión constante.